En 1944, a los 81 años y presintiendo que tenía edad suficiente como para prepararse para la muerte, la pintora sueca Hilma af Klint —que fallecería no por vejez, sino en un accidente de tráfico—, estipuló estrictas órdenes testamentarias sobre los 1.200 cuadros y dibujos que había pintado desde joven: el inventario completo, junto con 15.000 cuadernos de anotaciones y bocetos, debía permanecer oculto a los ojos del mundo durante al menos veinte años.

Sólo dió una razón para esta ocultación voluntaria: estaba convencida de que los seres humanos no estaban preparados para ver su obra, que le había sido dictada, afirmaba, por «seres superiores», situados en un «plano astral» extraterrenal. Desde los 18 años, cuando Hilma sufrió un severo choque psicológico tras la muerte durante una epidemia de gripe de su hermana pequeña, de diez, la artista afirmaba estar en contacto con el más allá, del que recibía mensajes místicos y revelaciones.

¿Tiene su legado algún tipo de mensaje oculto para los días de hoy?

¿Su obra realmente está realizada por entidades del más allá?

Lola Delgado y Alberto Pons en un nuevo especial antes de la nueva temporada.

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